miércoles, 28 de mayo de 2014

CONOCE NUESTRO MUSEO.- EL BRONCE FINAL (1.100-700 a.C.) I

CONOCE NUESTRO MUSEO: EL BRONCE FINAL (1100-700 a.C,) I
                         
      Prosiguen las etapas cronoculturales de la Prehistoria Reciente en ésta trataremos: El Bronce Final; del que es consecuente el panorama que encontrarán las primeras expediciones orientales hacia occidente, período que concluirá muy posteriormente con las viejas prácticas de la metalurgia del bronce, para iniciarse en la manufacturación de otro metal: el hierro; que dará lugar al advenimiento de la protohistoria definida por los primeros textos escritos por gentes del mediterráneo oriental.
      
      Después del período Calcolítico, y el Bronce Inicial con una gran ocupación del territorio de Los Pedroches, que si no muy abundante en lugares de hábitat sí con un elevado número de construcciones megalíticas, el Bronce Medio nos niega hasta ahora la información que provoca el desconocimiento al no haber encontrado aún los lugares donde vivieron, ni las tumbas donde las gentes de este período se enterraron; lo que conlleva a la distorsión a favor de la creencia que en ese espacio temporal, esta comarca parece sufrir un hiatus poblacional, que denota la carencia de prospecciones arqueológicas extensivas del territorio; hecho este que, de producirse, daría con toda seguridad el resultado de hallazgos que confirmarían la presencia de habitantes en la comarca en dicha etapa, que forzosamente tuvieron que existir debido a la riqueza de minerales de plata, plomo, cobre, estaño, etc, de los que es beneficiaria esta etapa cronocultural.

      En este período aún por descubrir en nuestra comarca, tiene sus raíces el Bronce Final; nuevo horizonte cultural, que desde sus inicios acoge a la cultura tartésica, que será constituida en el prólogo de las primeras influencias orientales que se vienen originando desde principios del primer milenio a. C. con los substratos poblacionales del Bronce Medio; contactos que provocarán la llegada de navegantes orientales a las costas andaluzas, en las que en un principio tendrá lugar la fundación de pequeños núcleos coloniales como: Malaka (la actual Málaga) cuyo asentamiento está localizado al pie de la colina de La Alcazaba; Morro de Mezquitilla, Chorreras, etc., todos ellos con una cronología del s. VIII a. C., junto a las establecidas en la provincia de Almería: La Colina de Montecristo, cercana a la población de Adra, Villaricos, cercano a las Cuevas de Almanzora, con la misma cronología que las malagueñas; asentamientos que son situados en pequeños islotes pegados a la costa, sobre penínsulas, o en las desembocadura de los ríos, debido a que el calado de sus barcos era poco profundo, por lo que su atraque para desembarcar, o embarque de mercancías se realizaba en la misma playa sin necesidad de embarcaderos;  constituía también un factor de primer orden, la mejor o peor accesibilidad al interior del país en que se asentaban, buscando la posibilidad de cruzar con facilidad las montañas u obstáculos que podían limitar los contactos comerciales con los nativos, lo que mermaría las ganancias; por lo que después de estos primeros contactos por las costas mediterráneas optaron por buscar nuevos lugares de asentamiento, y cruzarán las míticas columnas de Hércules, donde fundarán a lo largo de toda la costa atlántica peninsular infinidad de colonias de la que una de las más antiguas e importantes fue Gadir (Cádiz) lo que aumentó considerablemente el comercio con el interior de la península a través de los “caminos” fluviales que representaban los ríos que desembocan en el Atlántico navegables en gran parte de sus cursos.

      A la llegada a las costas del Sur de estos navegantes y comerciantes procedentes de las ciudades fenicias de Biblos, Sidón y Tiro, llamados pueblos rojos debido al color púrpura con que teñían sus tejidos, encuentran en la península núcleos de población socialmente complejos con los que tendrán contactos pacíficos, sellando entre ellos pactos continuos de amistad con aportaciones y beneficios mutuos, aceptando los indígenas de buen grado las tecnologías más avanzadas de estos navegantes, que puestas en práctica reportaban beneficios a unos y otros.
     
     Entre otros conocimientos que eran portadores estos pueblos navegantes se encontraba la utilidad y aprovechamiento de un mineral, que aunque conocido por todos nadie nada más que ellos supieron sacarle provecho; hablamos de la manufacturación del hierro con el que fabricarán armas y herramientas, el que para trabajarlo era preciso el conocimiento de una tecnología avanzada, ya que los componentes férricos con los hornos que utilizaban los nativos no podían fundir como el bronce, por lo que era imposible la fundición a molde, lo que requería el conocimiento de la forja y el martilleo, dando como resultado que armas, útiles y herramientas eran mucho más fuertes que el bronce, de más larga duración, y de filos más duros y resistentes.
     
      Uno de los productos con que estos navegantes comerciaban con especial interés fue la plata, aunque no se sabe si la técnica de copelación de la misma fue introducida por ellos o por el contrario, y como parece ser, ya era conocida por los nativos que controlaban sin inherencias foráneas los centros mineros y metalúrgicos de la plata de Huelva, producto que adquirirán los intermediarios fenicios asentados en los lugares de producción de este metal, el que exportarán con pingues beneficios a los centros orientales del mediterráneo.
     
      Estos pueblos del Sur también obtendrán de ellos el conocimiento de nuevas formas del trabajo de la metalurgia, la toréutica, la eboraria y la joyería que elaboraron en marfil, bronce, plata y oro, elementos estos que serán detonantes de quien los portaba, de un elevado estatus social, representado por el poder político, militar o religioso; estas producciones serán producto de talleres situados en las ciudades de procedencia fenicia, que más tarde se instalarán en la península imitando las producciones foráneas alcanzando una notable maestría en todas las facetas de elaboración de productos ornamentales, quedando constatada la desaparición de la manufacturación de objetos de cobre puro, metal que elaboraran con aleaciones binarias (dos metales) y ternarias (tres metales) de los que realizaron un gran elenco de elementos de mobiliario, figuras de adorno, joyas, etc.; a todo ello se le añadían las técnicas decorativas basadas en motivos orientales; relieves, calados, incisiones, troquelados y repujados, que representarán esfinges, grifos, leones, flores de loto, etc.
     
      Otro conocimiento técnico que los fenicios enseñaron a los nativos asentados en las costas fue el trabajo de cerámica a torno rápido, y la fabricación de hornos que alcanzaban temperaturas más altas para la cocción, que las que antes alcanzaban con los hornos para los objetos de cerámica fabricados a mano.

A grandes rasgos estas son algunas, entre otras, las mejoras que supuso en el Bronce Final la aplicación de nuevas tecnologías aportadas por los pueblos orientales, que representaron los sistemas de producción, logrando la especialización y el cambio social, lo que conllevará una substancial mejora en todos los sistemas productivos representados por el comercio, la metalurgia, la agricultura y la pesca.

SILVERIO GUTIÉRREZ ESCOBAR

CONTINUARÁ...

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